Dr. Alejandro Calvo

¿Los problemas emocionales pueden dar síntomas físicos?

Somatización

¿De qué manera los problemas emocionales alteran la función cerebral? ¿Puede la ansiedad o la depresión generar síntomas físicos?

La diferenciación entre la mente y el cuerpo es un artificio, pues en realidad ambos son lo mismo. Se separan para fines didácticos, para poder explicar los problemas médicos y psiquiátricos. Sin embargo, la mente y el cuerpo están en el mismo plano y no se pueden separar.

En ese sentido, es entendible que lo que afecte a la mente afecte al cuerpo y viceversa. No es coincidencia que, durante enfermedades del cuerpo, como un cáncer o una fractura, aparezcan enfermedades mentales como depresión; o que, durante enfermedades mentales como la ansiedad, parezcan enfermedades físicas, como el vitíligo o la diabetes, solo por citar dos ejemplos aleatorios.

Pero el tema es más complejo pues algunos síntomas físicos no son por enfermedades físicas ocasionadas por temas mentales, sino que algunos síntomas físicos puede estar ocasionados exclusivamente por trastornos mentales. A eso llamamos trastorno de somatización.

Veámoslo con un ejemplo. Una persona deja de mover el lado derecho de su cuerpo al mismo tiempo que presenta dificultad para hablar. Tanto la pierna derecha como el brazo derecho pierden su movilidad de un momento a otro y comienza a hablar como si estuviera en estado de ebriedad. Desde luego que lo primero que sospecharíamos en un caso como ese sería una enfermedad cerebrovascular. Sin embargo, hacemos una tomografía y dicho examen, para sorpresa de los médicos, no muestra lesiones. Ante la alta sospecha de una enfermedad cerebrovascular (o de otro tipo, pues el caso comienza a ponerse difícil) se le realiza una resonancia magnética cerebral que tampoco revela lesiones. Es importante remarcar que es casi imposible que una lesión que produzca la parálisis de la mitad del cuerpo no sea visible en una resonancia. La sorpresa de los médicos entonces crece, ¿por qué motivo, de un momento a otro, este paciente no puede hablar bien y se le ha paralizado la mitad del cuerpo? Buscando otras explicaciones se le realiza una resonancia de la columna cervical, la cual tampoco revela alteraciones. ¿Será posible que los síntomas del paciente sean puramente psicológicos?

Y la respuesta es sí. Sí es posible. Y, aunque parezca sorprendente, es frecuente. No es raro que existan convulsiones por causas solo psicológicas (pseudocrisis), cefaleas psicógenas, desmayos psicógenos, vértigo psicógeno, ceguera psicógena y un gran etcétera psicógeno. Es importante aclarar que estos síntomas de somatización no son simulados. Es decir, la persona realmente los siente y no puede evitarlos. En nuestro caso, en la paciente que no puede mover la mitad de su cuerpo, realmente no puede hacerlo y no está simulando sus síntomas.

Se ha teorizado mucho sobre el sustrato de los problemas de somatización. Es frecuente que se presente en el contexto de trastornos de la personalidad y en trastornos de ansiedad. Parece que los síntomas de somatización son usados inconscientemente por el paciente para desviar su propio foco de atención de otros conflictos internos que no pueden superar de forma ordinaria. Así, su enfermedad de somatización o, más precisamente, sus síntomas de somatización (en nuestro caso, la parálisis de la mitad del cuerpo y la dificultad para hablar) pasan a primer plano en la actividad mental del paciente, desviando su foco de atención del conflicto interno que está generándole al paciente tanto sufrimiento (a eso se le llama “ganancia primaria”). La conciencia de dicho conflicto interno no siempre es evidente para el paciente, de tal manera que, con mucha frecuencia, el paciente niega que tenga algún problema psicológico importante. El hecho de que el paciente, con frecuencia, no tenga conflictos o síntomas mentales evidentes y de que viva sus síntomas físicos con intensidad, hace que rechace, generalmente, el diagnóstico de somatización, pues le parece increíble que sus molestias no tengan un origen orgánico sino puramente mental. Ese rechazo a su diagnóstico hace que busque opiniones de diferentes médicos y que sienta frustración de no encontrar una respuesta que le satisfaga.

Generalmente, los trastornos de somatización producen síntomas variados en el mismo paciente. Para seguir con nuestro ejemplo, en aquel paciente que no puede hablar bien y no puede mover su hemicuerpo derecho se presenta, además: sensación de mareo, sensación de sobresalto cuando duerme, sensación de que se le “adormece” la cara, dificultades para ver y molestias en el pecho. Si bien el síntoma principal es la parálisis de la mitad del cuerpo, también considera importantes todos sus otros síntomas y le produce angustia no saber el origen de estos.

El manejo de los trastornos de somatización es multidisciplinario. Por un lado, el apoyo psicoterapéutico es fundamental para que el paciente pueda reconocer la naturaleza psicógena de su enfermedad y para abordar de manera profesional su mente y sus conflictos psicológicos. Por otro lado, el psiquiatra enfrentará el problema de una manera farmacológica, usando medicamentos con acción antidepresiva, ansiolítica o antipsicótica, dependiendo el caso. El neurólogo será el encargado del diagnóstico y será quien monitoree la evolución de los síntomas del paciente en el tiempo. Otros especialistas, como el fisiatra, se encargarán de los síntomas motores, de la coordinación, del equilibrio, según se necesite.

En los trastornos de somatización, más que en cualquier otra enfermedad, se necesita una total empatía entre el médico y el paciente. La confianza bidireccional entre ambas personas marca la diferencia entre el éxito o el fracaso del abordaje terapéutico de estos complejos problemas de salud. No se trata solo de recetar, sino, sobre todo, de escuchar y entender la complejidad humana de la persona que tenemos frente a nosotros.

Escrito por el Dr. Alejandro Calvo (Derechos Reservados)

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